'Vives tu vida pacíficamente. Fructuosamente. Al margen de una sociedad abusiva, homogénea y amaestrada.
Sueñas con ser alguien y te conformas con ser el reflejo de otras miles de personas.
¿Por qué?.
Porque un hombre te señaló con el dedo. Y tú, al verle subido a una escalera, creíste que era un dios.''-Reflexión de América.
50 años atrás....
-Todo comenzó con una explosión, mi pequeña flor de Loto. Todo, comenzó a partir de Terkeris. Ella nos acogió en su seno, amamantándonos como aquel a quienes adoptan los lobos. Nos enseñó a ser humanos, y a la misma vez, a no serlo, pues carecemos de imperfecciones como dichas criaturas mortales, pero amamos tanto como ellos.-
Las palabras de la mujer que la cuidaba eran sus primeros recuerdos. Ella siempre había preguntado más de lo debido, más de lo requerido. Todo esto lo atribuían a haber nacido justamente en el primer Plenilunio de Terkeris del año.
La pequeña América no era nada más ni menos que una niña. Una joven de la isla de May, cuya vida se resumía a hacer travesuras por la noche y esconderse del calor por el día.
Era algo simple y a su vez bastaba para sobrevivir cómodamente en un trozo de tierra sobre el mar.
Hablando del mar: era la única parte que le gustaba de toda la dichosa península. No le gustaba el calor abrasador, ni la arena fina y áspera. Anhelaba vivir entre bosques, ninfas y duendes de cuentos lejanos.
Era una ilusa, pero...
¿Quién no lo era a los 13 años?
Donde la inocencia es un modo de vida, y las virtudes solo se demuestran en juegos y cuentos.
América era sencilla si la contemplábamos del lado del linaje y las riquezas. Poco tenía, mas ella era feliz danzando alrededor de las hogueras y discutiendo con muchachos de lo que no recordaba el rostro a la mañana siguiente.
La llamaban ''oso''. ¡Pero claro, ella no tenía la culpa de tener mucho pelo!.
En Puerto Púrpura, la gente solía afeitarse la cabeza, para que el calor fuese más llevadero, aunque Am (diminutivo de América) mantenía que aquello solo haría que nos quemásemos con más rapidez.
Ella tenía el cabello tan largo...por la cintura. O más, no la recuerdo muy bien. Era menuda y esbelta: Aún no se había desarrollado. Aunque eso era una ventaja ya que si no, debería haber contraído matrimonio con algún joven estúpido y lascivo.
Tampoco recuerdo bien su rostro.
Hace tantos años de aquella historia... pero si sé que era hermosa. Su piel, como la de cualquier purpúreo original, era blanca, con trazos repletos de agua (que compararé con tatuajes tribales) que les daban alguna que otra ventaja a la hora de habitar en el desierto, en comparación con la gente común.
Sus ojos eran azules. Como los lagos de los cuentos de hadas: ''un azul cristalino, un azul profundo donde podías bucear hasta las profundidades del alma''.
Sí, quizá esa sería una buena descripción.
América danzaba todas las noches, por lo que su cuerpo aún lo recuerdo elástico y delicado, contoneándose lenta y suavemente, acompasada por los tambores de los ancianos, y por la ceniza de la hoguera que tras ella daba calor y luz a su figura.
Pero esta no era su única actividad diaria. (Aclaremos esto, América era un ser de costumbres, todos los días hacía acciones similares, ya que así estaba enzarzada su sociedad.
Y como mencioné anteriormente, ella solo era una niña)
Todas las tardes marchaba a las orillas de Puerto Púrpura, donde lavaba su rostro, cuello y muñecas en el agua fría y violeta que rodeaba nuestra isla.
Sin embargo una tarde, ella comenzó a entrar al mar.
Yo no lo comprendí porque... Era muy joven, y mi entretenimiento se basaba en vigilar a la pequeña hija de Terkeris.
Aunque poco después me dieron la información que me faltaba para saber lo que pasaba: a lo lejos, se pudo oír una dulce voz que incitaba a la locura. Una dulce voz, que se llevaba a la joven más hermosa que hube visto, y a su vez, mi sueño de retratarla. Inmortalizarla.
No se supo nada más de América.
No se supo nada más de danzas alrededor de la hoguera.
Se prohibió adentrarse en el mar, y yo envejecí sentada en la roca donde había memorizado el ritual de la joven hacía 50 años.
Cara, cuello y muñecas.
¿Qué podría significar aquello?
Recuerdo la palabra perfección, que abundó en mi niñez. Recuerdo sus cabellos azabaches que olían siempre a azahar. Pero recuerdo su explicación sobre el ritual, aunque sí que estaba relacionado con el mar.
Un día, sentada en el mismo lugar, pude ver a lo lejos una silueta.
Tenía curvas. Era alta. Era hermosa. El cabello negro y una sonrisa maquiavélica en sus jugosos labios rojizos.
Y sin duda supe que aquella sonrisa sería lo último que vería. Luego, simplemente, me ahogué en el mar azul que sus ojos me mostraban.
Un movimiento, un corte, un pequeño cántico....y la sacerdotisa del ''Dios del Mar'' puso fin a mi espera. Y a mi vida en general.
Por eso a partir de hoy, sentada al lado de Terkeris, podré relataros la historia de América.
Podréis saber qué fue tras mi muerte, cómo metió el miedo en los corazones humanos, predicando que el fin llegaba.
Al menos no se equivocaba.
¿Mi nombre?
No hace falta, ya que un narrador no tiene nombre, ni rostro.
Sino voz.
Proyecto de narrativa: una obra coral de fantasía épica realizada por alumnos de 3ºESO.
domingo, 2 de junio de 2013
domingo, 26 de mayo de 2013
Capítulo 5: El sueño de Ami.
Llevaba horas caminando por aquel bosque, se hacía de noche. No sabía qué hacer, ni a dónde ir. Nunca había salido del orfanato desde que llegué, con dos
años. Ahora, catorce años después, decidía huir. ¿Pero por qué? no lograba
recordarlo.
¡Ay! Acabo de chocar con alguien. A la luz de la luna es un poco difícil ver si se trata de un guiriciano o de algún otro ser extraño de los que habitan nuestro bosque.
- ¿Hola? - Una garra me respondió arañándome, haciendo que cayera a la húmeda tierra- ¡Au! -¿estaba atacándome?
- ¡Lo siento! -me respondió una dulce voz ayudándome a levantarme- -creía que eras algún ser extraño... no pretendía herirte, ¿estás bien?- preguntó asustada.
Al incorporarme nuestras alas se iluminaron tanto que pude ver la imagen de una chica muy parecida a mí.
Me desperté. Todo parecía tan real. Llevaba ya quince días soñando lo mismo. Ya había empezado a pensar incluso que tenía una hermana. Me arreglé y salí a desayunar. Era un poco pronto. Solo Dana, la dueña del orfanato, estaba despierta. Llevaba ya tantos días soñando lo mismo, debía contárselo todo a ella...
-¿Una hermana? ja, ja, ja... ¡pero que cosas tienes Ami! -se reía Dana- Ya te he dicho mil veces que no encontramos a ningún superviviente en aquel accidente, a parte de ti. Además, tus padres sólo tuvieron una hija y esa eres tú.
- ¡Pero Dana tienes que creerme!- insistí- ¡yo sé que la tengo!
- Lo siento, Ami, pero no puede ser.- sentenció Dana entrando en su despacho.
Me llamo Ami, soy alta, de ojos morados y pelo castaño claro, liso y muy, muy largo. Como todo guiriciano tengo unas grandes alas que adornan mi cuerpo, una piel muy blanca que brilla si tocamos el agua que rodea las islas y un don.
Vivo en la península de Guir. Aquí sólo hay una aldea porque es una zona pequeña. Esa aldea se llama igual que la península, Guir.
No sé nada sobre mis antepasados y, aunque me gustaría, nunca he salido del orfanato y mucho menos de Guir. Aquí, en el orfanato, no tengo muchas amigas, me consideran un poco rarita por pasarme el día entre libros, investigando sobre las lunas: Aro, Malia y Terkeris; sobre las islas y el agua que las rodea. Me gustaría saber por qué nuestra piel tiene ese brillo al tocar el agua, por qué las islas flotan, me gustaría saber utilizar el don de los guiricianos, saber nuestra historia y la de las islas. Me gustaría aprender tantas cosas...
Hace una semana que, debido a mis extraños sueños, he pensado en huir. Irme de aquí. Pero me da miedo que todo sea producto de mi imaginación, que Dana tenga razón y esté completamente sola en este mundo.
Inmersa en mis pensamientos llegué a la biblioteca del orfanato y decidí seguir mi estudio sobre el don de los guiricianos, cuando vi que el sueño se estaba repitiendo demasiado decidí empezar a investigar. Yo ya sabía que nuestro don era intuir cosas que iban a pasar o algo así. Nunca lo utilizamos, por lo que el don se está perdiendo.
- Ami, tengo que hablar contigo. -me dijo Dana- He estado pensando sobre ese sueño que me has contado y creo que puede ser una señal. Verás, tú conoces nuestro don y a lo mejor tienes razón y tienes una hermana. No sé cómo porque nadie me ha informado sobre que tus padres hubieran tenido dos hijas.
- Entonces, ¿es posible que tenga una hermana? -Pregunté con alegría.
- Sí, es posible, -ahí ya estaba ascendiendo al mismísimo cielo- Pero debo advertirte que a veces nuestro don engaña - me hizo aterrizar Dana- aunque ese sueño se está repitiendo tanto... -Volvió a darme esperanzas.
- Gracias, Dana.
Cuando Dana se fue me quedé pensando, ¿es posible que pudiera tener una hermana? Me costaba creerlo, pero aún así ya lo había decidido. Mañana me iría de aquí y buscaría a mi hermana.
¡Ay! Acabo de chocar con alguien. A la luz de la luna es un poco difícil ver si se trata de un guiriciano o de algún otro ser extraño de los que habitan nuestro bosque.
- ¿Hola? - Una garra me respondió arañándome, haciendo que cayera a la húmeda tierra- ¡Au! -¿estaba atacándome?
- ¡Lo siento! -me respondió una dulce voz ayudándome a levantarme- -creía que eras algún ser extraño... no pretendía herirte, ¿estás bien?- preguntó asustada.
Al incorporarme nuestras alas se iluminaron tanto que pude ver la imagen de una chica muy parecida a mí.
Me desperté. Todo parecía tan real. Llevaba ya quince días soñando lo mismo. Ya había empezado a pensar incluso que tenía una hermana. Me arreglé y salí a desayunar. Era un poco pronto. Solo Dana, la dueña del orfanato, estaba despierta. Llevaba ya tantos días soñando lo mismo, debía contárselo todo a ella...
-¿Una hermana? ja, ja, ja... ¡pero que cosas tienes Ami! -se reía Dana- Ya te he dicho mil veces que no encontramos a ningún superviviente en aquel accidente, a parte de ti. Además, tus padres sólo tuvieron una hija y esa eres tú.
- ¡Pero Dana tienes que creerme!- insistí- ¡yo sé que la tengo!
- Lo siento, Ami, pero no puede ser.- sentenció Dana entrando en su despacho.
Me llamo Ami, soy alta, de ojos morados y pelo castaño claro, liso y muy, muy largo. Como todo guiriciano tengo unas grandes alas que adornan mi cuerpo, una piel muy blanca que brilla si tocamos el agua que rodea las islas y un don.
Vivo en la península de Guir. Aquí sólo hay una aldea porque es una zona pequeña. Esa aldea se llama igual que la península, Guir.
No sé nada sobre mis antepasados y, aunque me gustaría, nunca he salido del orfanato y mucho menos de Guir. Aquí, en el orfanato, no tengo muchas amigas, me consideran un poco rarita por pasarme el día entre libros, investigando sobre las lunas: Aro, Malia y Terkeris; sobre las islas y el agua que las rodea. Me gustaría saber por qué nuestra piel tiene ese brillo al tocar el agua, por qué las islas flotan, me gustaría saber utilizar el don de los guiricianos, saber nuestra historia y la de las islas. Me gustaría aprender tantas cosas...
Hace una semana que, debido a mis extraños sueños, he pensado en huir. Irme de aquí. Pero me da miedo que todo sea producto de mi imaginación, que Dana tenga razón y esté completamente sola en este mundo.
Inmersa en mis pensamientos llegué a la biblioteca del orfanato y decidí seguir mi estudio sobre el don de los guiricianos, cuando vi que el sueño se estaba repitiendo demasiado decidí empezar a investigar. Yo ya sabía que nuestro don era intuir cosas que iban a pasar o algo así. Nunca lo utilizamos, por lo que el don se está perdiendo.
- Ami, tengo que hablar contigo. -me dijo Dana- He estado pensando sobre ese sueño que me has contado y creo que puede ser una señal. Verás, tú conoces nuestro don y a lo mejor tienes razón y tienes una hermana. No sé cómo porque nadie me ha informado sobre que tus padres hubieran tenido dos hijas.
- Entonces, ¿es posible que tenga una hermana? -Pregunté con alegría.
- Sí, es posible, -ahí ya estaba ascendiendo al mismísimo cielo- Pero debo advertirte que a veces nuestro don engaña - me hizo aterrizar Dana- aunque ese sueño se está repitiendo tanto... -Volvió a darme esperanzas.
- Gracias, Dana.
Cuando Dana se fue me quedé pensando, ¿es posible que pudiera tener una hermana? Me costaba creerlo, pero aún así ya lo había decidido. Mañana me iría de aquí y buscaría a mi hermana.
domingo, 12 de mayo de 2013
Capítulo 4 : La norma de Koria.
Caía,caía y volvía a caer hacía la oscuridad.
Me ahogaba,no podía respirar.
Pánico.
Desperté con un sudor helado en la frente como todas las anteriores noches,mi losa era demasiado pesada.
Mi madre,la mismísima Koria,reina de la isla a la que le da nombre,estoy segura,no había tenido el miedo a poseer el poder cuando estaba en mis circunstancias.
Siempre ha sido una mujer muy fuerte de carácter y con las ideas muy claras (sin abrir su mente a otras).
No la admiraba.
Se encontraba al mando de un reino,Koria, cuyos habitantes,tré maður o hombres árbol se encontraban a su disposición,esclavizados, por el hecho de,según ella,ser inferiores a nosotros.
Mi familía gobierna Koria,anteriormente Lanfsa (el nombre de mi abuela),desde tiempos inmemoriales.
Somos muy diferentes a los demás y,por ello se nos reconoce a simple vista.
Todos los tré maður tenemos el color de la piel verde oliva,y nos alimentamos a base de nuestro Sol
naranja ,como nuestros hermanos vegetales,por lo que en las zonas donde el Sol siempre está presente,nos encontramos nosotros,que es casi toda la isla menos las Ruinas Dnnusis,donde solo se hacen expediciones.
Todos tienen el pelo negro azabache pero en nuestra família lo tenemos de un color rojo muy llamativo.Además,algo muy significativo es que todos los tré maður tienen dentro de su cuerpo savia, nosotras tenemos eitrit o veneno, propio de plantas muy difíciles de encontrar,salvo en los escondrijos del Bosque Viejo, Gran Delaya.
Y,por si esto fuera poco,tenemos diferencias mucho más importantes,nuestras propiedades mágicas.
Nuestra raza esta conectada directamente a la tierra y entre todos estamos entrelazados por una enorme fuerza de atracción y poder que hace que todo nuestro reino sea el pulmón de Darién.Podemos hablar con los árboles y vegetales,tranformarnos en ellos y crear campos de protección para proteger nuestro reino.Nosotras,además de lo anterior,podemos hacer la tierra más inhóspita fértil o incluso provocar terremotos.
Somos muy longevas,nuestra esperanza de vida es de aproximadamente de 20 años y la de el resto de hombres árbol de 5.
Mi madre dice que estamos hechas para controlar a la población,que son `nuestro enemigo´.
Una población que se encuentra explotada,esclavizada.Una población que nace para servir y morir.Que si comenten algún tipo de falta,el castigo es la muerte.
No sabe lo que dice.
En Koria,desde siempre estamos bajo una sociedad matriarcal en la que la mujer es el centro y el hombre pasa a un segundo plano,se ha de encargar en todo momento del cuidado de los niños,no puede salir de Koria sin el consentimiento justificado de la misma reina y,aunque tanto el hombre y la mujer sean esclavos,el hombre posee menos derechos.
Nos reproducimos mentalmente en un proceso que se hace posible por el hecho de que estamos muy conectados entre nosotros pero solo puede realizarse si la mujer quiere y cuando la luna Malia se encuentra en su totalidad iluminando el oscuro cielo.
Por esto,a mis antepasadas no les ha preocupado nunca el hecho de no saber ni siquiera el nombre del padre,solo sería un esclavo con la suerte de ser elegido por toda una mujer de sangre de eitrit.
En cuanto a la religión,el reino de Koria tiene un libro antiquísimo llamado Orð gyðju jarðar o Palabra de la Diosa Tierra,en el que recoge las `normas´para que,al morir,cada tré maður se pueda encontrar con ella.
Lo curioso del tema es que las que han escrito todo este libro fueron mis antepasadas y parece una broma el que nadie lo haya deducido.Los principios básicos son:
Gyðja jarðarinnar (Diosa de la tierra) te guía en el camino para ofrecer toda tu vida y
corazón a la reina de la sangre de veneno.
-Huye de las tentaciones que te alejen de tu camino.
-Siente amor hacia tu gran diosa y tu gran superior.
-Sé consciente de que la Gran Gyðja jarðarinnar te ha elegido
para ofrecer a la reina de eitrit todo lo que necesita.
-Sigue con cariño el camino duro que te llevará a nuestro
glorioso encuentro.
Y,en el medio de todo esto,me encuentro yo.Instruyéndome para ser la reina para cuando mi madre falte y vaya al encuentro con la Gyðja jarðarinnar.
Señales de humo de roble desde palacio.
Problemas.
Salgo corriendo desde el prado de al lado del río Gty ,mi lugar para pensar con claridad donde nunca hay nadie,hacia casa.
-Anthea,otra vez?!¿ No te cansas de irte sin decirme nada? ¿Dónde ha sido esta vez?- dijo llevándome del brazo hacía mi cuarto,la segunda torre a la izquierda..
-Aquí,madre,al lado de casa.-dije disimulando mi fuerte respiración.
-Espero que llevases la capucha y el pelo como debes.Si no,cerraré el pestillo de tu cuarto por la mañana como ya te avisé.
-Claro madre.Sí,ya me avisaste- dije impaciente.
Tras sentarnos en mi mullida silla de piel de nyum,fruta muy amarga de May,dijo mi madre con mucha calma y con aires de gradiosidad.
-Lo primero,hoy has faltado a tu clase de religión.Esta tarde vas a tener que recuperarla.
Lo segundo,tengo un dolor muy grande en la espalda por el golpe,me ha dicho Arina, que me dió hace 2 lunas aquel bastardo en el mercado,recuerdas?
-Claro que lo recuerdo,madre.Mandastes a ese hombre al mar donde se ahogó.
-Bien,pues bueno,cada día tengo un dolor diferente.Envejezco y no puedo hacer nada por remediarlo.
Anthea,mañana vas a empezar ya en la Escuela de Gummis.Ves preparándo todo y,sobretodo recuerda lo que tienes que ordenar que dicten de memoria.
-Los principio básicos del Orð gyðju jarðar,la tengo claro,madre.
-Eso espero-dijo alzando su larga melena de fuego,saliendo despacio de mi cuarto.
¿Ya?
Había esperado este momento durante muchos años y ahora,una profunda sensación de inseguridad llenaba mi cuerpo.Era el momento de instruir a la nueva generación (para los próximos 5 años),el mensaje que mi família ha trasmitido durante tanto tiempo y que mi madre trasmitió en su día.
¿Podía cambiar las cosas?
Me ahogaba,no podía respirar.
Pánico.
Desperté con un sudor helado en la frente como todas las anteriores noches,mi losa era demasiado pesada.
Mi madre,la mismísima Koria,reina de la isla a la que le da nombre,estoy segura,no había tenido el miedo a poseer el poder cuando estaba en mis circunstancias.
Siempre ha sido una mujer muy fuerte de carácter y con las ideas muy claras (sin abrir su mente a otras).
No la admiraba.
Se encontraba al mando de un reino,Koria, cuyos habitantes,tré maður o hombres árbol se encontraban a su disposición,esclavizados, por el hecho de,según ella,ser inferiores a nosotros.
Mi familía gobierna Koria,anteriormente Lanfsa (el nombre de mi abuela),desde tiempos inmemoriales.
Somos muy diferentes a los demás y,por ello se nos reconoce a simple vista.
Todos los tré maður tenemos el color de la piel verde oliva,y nos alimentamos a base de nuestro Sol
naranja ,como nuestros hermanos vegetales,por lo que en las zonas donde el Sol siempre está presente,nos encontramos nosotros,que es casi toda la isla menos las Ruinas Dnnusis,donde solo se hacen expediciones.
Todos tienen el pelo negro azabache pero en nuestra família lo tenemos de un color rojo muy llamativo.Además,algo muy significativo es que todos los tré maður tienen dentro de su cuerpo savia, nosotras tenemos eitrit o veneno, propio de plantas muy difíciles de encontrar,salvo en los escondrijos del Bosque Viejo, Gran Delaya.
Y,por si esto fuera poco,tenemos diferencias mucho más importantes,nuestras propiedades mágicas.
Nuestra raza esta conectada directamente a la tierra y entre todos estamos entrelazados por una enorme fuerza de atracción y poder que hace que todo nuestro reino sea el pulmón de Darién.Podemos hablar con los árboles y vegetales,tranformarnos en ellos y crear campos de protección para proteger nuestro reino.Nosotras,además de lo anterior,podemos hacer la tierra más inhóspita fértil o incluso provocar terremotos.
Somos muy longevas,nuestra esperanza de vida es de aproximadamente de 20 años y la de el resto de hombres árbol de 5.
Mi madre dice que estamos hechas para controlar a la población,que son `nuestro enemigo´.
Una población que se encuentra explotada,esclavizada.Una población que nace para servir y morir.Que si comenten algún tipo de falta,el castigo es la muerte.
No sabe lo que dice.
En Koria,desde siempre estamos bajo una sociedad matriarcal en la que la mujer es el centro y el hombre pasa a un segundo plano,se ha de encargar en todo momento del cuidado de los niños,no puede salir de Koria sin el consentimiento justificado de la misma reina y,aunque tanto el hombre y la mujer sean esclavos,el hombre posee menos derechos.
Nos reproducimos mentalmente en un proceso que se hace posible por el hecho de que estamos muy conectados entre nosotros pero solo puede realizarse si la mujer quiere y cuando la luna Malia se encuentra en su totalidad iluminando el oscuro cielo.
Por esto,a mis antepasadas no les ha preocupado nunca el hecho de no saber ni siquiera el nombre del padre,solo sería un esclavo con la suerte de ser elegido por toda una mujer de sangre de eitrit.
En cuanto a la religión,el reino de Koria tiene un libro antiquísimo llamado Orð gyðju jarðar o Palabra de la Diosa Tierra,en el que recoge las `normas´para que,al morir,cada tré maður se pueda encontrar con ella.
Lo curioso del tema es que las que han escrito todo este libro fueron mis antepasadas y parece una broma el que nadie lo haya deducido.Los principios básicos son:
Gyðja jarðarinnar (Diosa de la tierra) te guía en el camino para ofrecer toda tu vida y
corazón a la reina de la sangre de veneno.
-Huye de las tentaciones que te alejen de tu camino.
-Siente amor hacia tu gran diosa y tu gran superior.
-Sé consciente de que la Gran Gyðja jarðarinnar te ha elegido
para ofrecer a la reina de eitrit todo lo que necesita.
-Sigue con cariño el camino duro que te llevará a nuestro
glorioso encuentro.
Y,en el medio de todo esto,me encuentro yo.Instruyéndome para ser la reina para cuando mi madre falte y vaya al encuentro con la Gyðja jarðarinnar.
Señales de humo de roble desde palacio.
Problemas.
Salgo corriendo desde el prado de al lado del río Gty ,mi lugar para pensar con claridad donde nunca hay nadie,hacia casa.
-Anthea,otra vez?!¿ No te cansas de irte sin decirme nada? ¿Dónde ha sido esta vez?- dijo llevándome del brazo hacía mi cuarto,la segunda torre a la izquierda..
-Aquí,madre,al lado de casa.-dije disimulando mi fuerte respiración.
-Espero que llevases la capucha y el pelo como debes.Si no,cerraré el pestillo de tu cuarto por la mañana como ya te avisé.
-Claro madre.Sí,ya me avisaste- dije impaciente.
Tras sentarnos en mi mullida silla de piel de nyum,fruta muy amarga de May,dijo mi madre con mucha calma y con aires de gradiosidad.
-Lo primero,hoy has faltado a tu clase de religión.Esta tarde vas a tener que recuperarla.
Lo segundo,tengo un dolor muy grande en la espalda por el golpe,me ha dicho Arina, que me dió hace 2 lunas aquel bastardo en el mercado,recuerdas?
-Claro que lo recuerdo,madre.Mandastes a ese hombre al mar donde se ahogó.
-Bien,pues bueno,cada día tengo un dolor diferente.Envejezco y no puedo hacer nada por remediarlo.
Anthea,mañana vas a empezar ya en la Escuela de Gummis.Ves preparándo todo y,sobretodo recuerda lo que tienes que ordenar que dicten de memoria.
-Los principio básicos del Orð gyðju jarðar,la tengo claro,madre.
-Eso espero-dijo alzando su larga melena de fuego,saliendo despacio de mi cuarto.
¿Ya?
Había esperado este momento durante muchos años y ahora,una profunda sensación de inseguridad llenaba mi cuerpo.Era el momento de instruir a la nueva generación (para los próximos 5 años),el mensaje que mi família ha trasmitido durante tanto tiempo y que mi madre trasmitió en su día.
¿Podía cambiar las cosas?
lunes, 6 de mayo de 2013
Capitulo 3: Eryx, la invasión inesperada
Pensé que mi viaje seria más sencillo, pero con tantas historias y profecías sobre el fin de nuestro mundo, nos esta llevando a tiempos de
guerra contra el pueblo vecino por la sabiduría de los Aneros, sabios que tienen manuscritos sobre toda leyenda o historia, hay que estar siempre alerta. Mientras los guerreros están en la batalla, por
nuestra seguridad, niños, ancianos y mujeres nos resguardamos lejos de ella en
los afluentes y el río madre, entre Sella y la selva caliente de Fentos.
Me
llamo Eryx, soy un chico de 15 años y sin negar-lo, un poco rarito, al igual que mi amiga Ersna, y lo somos solo por que no creemos en los dioses y la magia en la que se basa nuestro pueblo. Mi madre y yo vivimos en una casa en un árbol al lado de un
afluente llamado Arepxodis, en el que mi padre nos dijo que estaríamos a salvo.
Me gusta mirar desde mi ventana, porque veo una isla gigantesca de la que mi
madre habla mucho… “una tierra de esperanza”, su nombre es Delaya. Nos hacemos llamar hijos del agua
o, en nuestro idioma, “Adan aelini”. somos grisácea y escamosa con el cristalino negro y los iris azul claro, la única variante entre nosotros es que nuestro cabello puede ser de cualquier color frío, es decir, azul, violeta, negro, verde... y tenemos un " don ".
Mi abuelo, cuando aún vivía, me contaba historias de
por qué éramos así y nos decía: “hace millones y millones de años el dios
Acremis, dios del espacio capaz de destruir una estrella con sus propias manos y crear una costelación de un suspiro, y Axsemia, diosa del océano que convive con los animales marinos, fueron amantes y de ahí
nació Sinori, un ser que allí por donde pasaba dejaba un rastro de agua. Al
darse cuenta, Axsemia probó a dejarlo meterse en el agua y vio que su hijo podía
transformarse en un material acuoso semejante al agua. Pero en el momento en que
lo dejó en la orilla del mar Sinori , de ahí su nombre, desapareció. Aquella noche las lunas enteras y alineadas hicieron que el mar burbujeara con fuerza. En
ese momento Acremis separó a la
desconsolada Axsemia de la orilla. Del agua nacieron los actuales
pobladores de Fentos, con los mismos dones de Sinori”.
Mi abuelo se emocionaba con la historia, pero yo no creo
que ocurriera eso, como dije antes no creíamos en la magia.
Mi amiga Ersna vive en el final del
afluente y vamos mucho por el mar cuando no hay colegio, viendo a las serpientes marinas y a los
tieros volando sobre el agua. Un día vimos a dos tieros, unos dragones con características de águila:
- mira Ersna -
- que ocurre -
- mira esos tieros, parecen muy felices -
- sí, porque no tienen ni idea de las guerras que hay a nuestro alrededor -
Ersna siempre había sido un poco especial, en resumen, era un poco deprimida pero yo le ayudaba para que sus comentarios negativos no le rondaran la cabeza.
- si pero mira como se ayudan para coger las frutas de ese arbol al que no llega el pequeño -
y conseguía hacerle cambiar de tema.
Unos días después, mientras estábamos en una de estas
escapadas algo cayó repentinamente del cielo, el agua empezó a temblar y salimos del agua. Nuestros enemigos habían
llegado hasta Sella.
oí una voz de lejos, hasta que me di cuenta de que era la voz de mi madre gritando.
-¡Huid! ¡Escapad!-
Me gire y la vi a llorando e intentando escapar, transformarse en agua era inútil por que al ser los invasores de nuestra misma especie el " don " no servia.
Nunca había visto a los del otro pueblo porque mi padre decía que era peligroso acercarse a la orilla que daba con ese pueblo, por eso nos mudamos a la parte del mar inmenso, eran un poco diferentes su piel era más oscura y el cristalino blanco, en ese momento nadamos rápido a la orilla, al llegar nos cogieron y no me acuerdo de los detalles con certeza pero, nos llevaban a algún lugar cuando le hice tropezar al hombre que me sujetaba y escape pero aún me siento culpable por que Ersna no tubo la oportunidad. Conseguí llegar a las afueras del pueblo en la orilla
del mar Sinori, corrí por la orilla durante una media hora sin parar, hasta que llegue al pueblo donde se crió mi padre. Busqué a la hermana de mi padre, que fue lo que él me pidió si
llegaban a invadirnos. Al llegar estaba agotado, pero en aquel
momento solo pensaba en encontrar a mi tía.
La encontré por fin en la capilla de Axsemia, le
expliqué lo sucedido y me dijo que en este momento tenía que descansar y que ella iría a avisar a la guardia para que ayudaran.
Al día siguiente me sentía angustiado y desconcertado, mi tía vino con una infusión de yerdina, una bebida relajante ; no hacía más que pensar en mi madre gritando y en mi amiga
llorando y diciendo que buscara ayuda. Mi tía se sentó a mi lado
y me dijo que fuera a orar a los dioses del Epeligeo para que velaran por el pueblo. Yo no creía en los dioses pero era lo único que podía hacer.
Llegué al
templo, no vi más que figuras sin brazos e inscripciones en ellas de todos los dioses del Epeligeo. Yo no entendía por qué les
adoraban si raras veces actuaban, aunque cuando se solucionaban los problemas eran casualidades. Llegué al pedestal del dios Acremis acompañado de la figura que
se asemejaba a Axsemia y ore en voz baja.
- Por favor, Acremis, sé que no te he orado los días de lluvia en honor
a tu hijo, pero ahora recurro a tu ayuda para que protejas a mi madre y a Ersna. Son las personas a las que más quiero.
Tras dejar la flor Triá, símbolo de fe, me
alejé y volví a casa de mi tía. Pasados dos días de planificación y orden decidí ir a ver a los Aneros y descubrir como parar las guerras y saber como protegernos del fin de nuestro mundo. Decidí emprender un viaje a la
zona rocosa de Fentos.
domingo, 5 de mayo de 2013
Capítulo 2: Dalya y la escapada.
Cuando era pequeña mi madre me contaba historias sobre otros mundos,otros mundos dentro del mio.
Poco después ella murió,yo tenia ocho años,después de eso todo cambio...
Me llamo Dalya y esta es mi historia:
Mi nombre es Dalya,mi madre me puso ese nombre en honor a la isla en la que vivimos,Gran Delaya. Según me explicaron ,la aldea en la que vivo esta entre el viejo bosque y los túneles,pero,aun que me encantaría,nunca he salido de la aldea,siempre me e preguntado que secretos,monstruos y aventuras se esconden en el exterior. Soy una chica de estatura media,morena y con ojos azules.Soy mestiza,es decir,medio elfa,medio.......bueno la verdad es que nunca he sabido cual es. Pero eso ya no importa,estoy sola en este mundo,puesto que lo único que me ataba a aldea se fu hace mucho tiempo y mi padre...bueno,la verdad es que nunca lo conocí.
Mi nombre es Dalya,mi madre me puso ese nombre en honor a la isla en la que vivimos,Gran Delaya. Según me explicaron ,la aldea en la que vivo esta entre el viejo bosque y los túneles,pero,aun que me encantaría,nunca he salido de la aldea,siempre me e preguntado que secretos,monstruos y aventuras se esconden en el exterior. Soy una chica de estatura media,morena y con ojos azules.Soy mestiza,es decir,medio elfa,medio.......bueno la verdad es que nunca he sabido cual es. Pero eso ya no importa,estoy sola en este mundo,puesto que lo único que me ataba a aldea se fu hace mucho tiempo y mi padre...bueno,la verdad es que nunca lo conocí.
Mi madre me dijo que tuvo que partir muy lejos de la aldea,y siempre e soñado con reencontrarme con el,pero siempre lo veía muy lejos,pero ahora ya tengo 16 años,y voy a ir en su busca sea como sea.
Abrí los ojos,el sol de la mañana entraba por la ventana y me deslumbraba los ojos.
Podía escuchar como aporreaban mi puerta diciendo"Despierta Dalya,mira..". Me levante,me vestí y abrí mi puerta,era un caos,estaban mis compañeros gritando y saltando,resulta que no había ningún educador en el orfanato,habían desaparecido todos. Instintivamente entro la idea en mi cabeza de que era el momento de escapar. Como un lobo en la niebla fui hacia mi cuarto y recoji todo lo que tenia,en realidad era poca cosa. Volví al pasillo y todo seguía igual,mis compañeros seguían desquicia dos y deshorientado ,no paraban de armar escandalo,ya no sabían que hacer... Ignorando toda causa segui recto hacia la entrada,en ese momento no me importaba nada,nada mas que escapar. Al principio no fue muy dificil,abri la puerta y vi que habia mas gente de la que esperaba,por suerte aun me acordaba de aquel agujero entre roca y roca en el que yo me refugiaba cuando era pequeña. Despues de sentarme en ese oscuro y humedo agujero,me pare a pensar que iba a hacer a continuacion,cuando me percate de que hay faltaba algo,mi roca,la roca en la que yo escribia mis penas. Me acerque,y vi que habia un tunel oscuro que se extendia hacia lo lejos,no parecia muy estable.Me quede un rato mirandolo,no sabia si era mi imaginación,pero me parecia estar viendo unos ojos ambares en lo profundo de la oscuridad. Me fui acercando poco a poco a aquellos ojos que me cautivaban. Estaba ya a tan solo unos centimetros cuando de repente algo me cojio el hombro. Me asuste,pero valientemente me di la vuelta,era josh,un amigo de la infancia,nunca me habia alegrado tanto de verlo...
Podía escuchar como aporreaban mi puerta diciendo"Despierta Dalya,mira..". Me levante,me vestí y abrí mi puerta,era un caos,estaban mis compañeros gritando y saltando,resulta que no había ningún educador en el orfanato,habían desaparecido todos. Instintivamente entro la idea en mi cabeza de que era el momento de escapar. Como un lobo en la niebla fui hacia mi cuarto y recoji todo lo que tenia,en realidad era poca cosa. Volví al pasillo y todo seguía igual,mis compañeros seguían desquicia dos y deshorientado ,no paraban de armar escandalo,ya no sabían que hacer... Ignorando toda causa segui recto hacia la entrada,en ese momento no me importaba nada,nada mas que escapar. Al principio no fue muy dificil,abri la puerta y vi que habia mas gente de la que esperaba,por suerte aun me acordaba de aquel agujero entre roca y roca en el que yo me refugiaba cuando era pequeña. Despues de sentarme en ese oscuro y humedo agujero,me pare a pensar que iba a hacer a continuacion,cuando me percate de que hay faltaba algo,mi roca,la roca en la que yo escribia mis penas. Me acerque,y vi que habia un tunel oscuro que se extendia hacia lo lejos,no parecia muy estable.Me quede un rato mirandolo,no sabia si era mi imaginación,pero me parecia estar viendo unos ojos ambares en lo profundo de la oscuridad. Me fui acercando poco a poco a aquellos ojos que me cautivaban. Estaba ya a tan solo unos centimetros cuando de repente algo me cojio el hombro. Me asuste,pero valientemente me di la vuelta,era josh,un amigo de la infancia,nunca me habia alegrado tanto de verlo...
-Que estas haciendo aqui?-Me pregunto muy nervioso.
-Me voy a buscar a mi padre,Josh,por favor no intentes detenerme.-No quiero que te pase nada Dalya-me dijo en tono preocupado.
-Estare bien,comprende que ya no me queda nada aqui.
Se lo penso un momento,levanto la cabeza y me miro a los ojos,de pronto me vinieron recuerdos de cuando eramos pequeños,pero eso ya es el pasado.
-Ten cuidado,ya sabes que estare esperando a que vuelvas.
-No te voy a mentir,no creo que vuelva.
-Lose.
Me acerque a el y le di un beso en la mejilla y seguidamente le sonrei,me gire y segui caminando hacia delante. No sabia cuanto tiempo llevaba caminando,solo pensaba en que tenia que salir de aquel oscuro tunel. De pronto,escuche unos extraños sonidos que me hicieron extremecer,me di la vuelta y solo habia oscuridad. Segui andando y volvi a escuchar aquel sonido,me di la vuelta y vi una sirueta y de nuevo,aquellos ojos ambares que cuando miraron los mios,me hicieron recordar aquellas historias que me contaban,que nunca crei pero que ahora tenia delante. Empezo a avanzar hacia mi aquella extraña criatura. Como un raton que hulle de su depredador,me di la vuelta y empece a correr como alma lleva el diablo. No sabia si me seguia,solo sabia que tenia que escapar de alli. Pare sin aliento creyendo que la habia despistado,pero para mi desdicha me percate que aquellos ojos ambares estaban detras de mi. No me salia ninguna palabra,salvo un grito que hizo extremecerse hasta a mi propia alma,fue un sonido tan intenso que hizo vibrar las paredes de aquel lugar oscuro,el cual,se empezo a derrumbar. Sali corriendo de aquel lugar lugrube.
Cuando creí que las rocas me ivan a sepultar en aquel lugar vi una luz al final,la salida,sacando fuerzas de flaqueza,hice un ultimo esfuerzo y empeze a correr como nunca habia echo. Creia que mi vida se me escurria de mis manos...sin pensar me lanze a la salida mientras se cerraba el unico camino de vuelta a mi antiguo hogar...
miércoles, 1 de mayo de 2013
Capítulo 1: Érase una vez y una galaxia muy lejana
La tercera de las Pléyades, empezando por la izquierda, podría parecer desde lejos una estrella cualquiera. Si uno lograra acercarse lo suficiente no encontraría más que deshechos de materia flotando en torno a una antigua y desmañada estrella.
Pero junto a ese extinguido sol, hoy cansado y naranja, orbitó hace miles de años una gloriosa civilización, de arquitectos hábiles e infraestructuras fabulosas, que conoció su fin, como muchas otras antes y después que ella, merced a la codicia de las especies que la habitaban. El planeta se llamó Darién y fue el cuarto en cercanía al sol que circundaba, señor de un sistema solar de más de treinta y dos planetas y cincuenta y seis lunas.
El cuarto planeta, de un profundo color lila, estaba cubierto de agua casi en su totalidad. Una bacteria presente en los ecosistemas marinos hacía que la proporción salina de esta fuera menor y dotaba a las aguas de un deslumbrante color violeta, que se tornaba fosforescente en las noches de verano. Las altas temperaturas y la práctica ausencia de sal favorecía que algunas zonas del planeta fueran verdaderas selvas marinas y la vegetación, vibrante y monstruosa, crecía por kilómetros desde las profundidades abisales para alcanzar la superficie.
Se decía que durante los períodos de conjunción de lunas, crecían flores acuáticas capaces de aguantar el peso de una casa entre sus carnosos pétalos.
Y es que los ritmos biológicos de Darién venían regidos por sus tres lunas: Aro, Malia y Terkeris. Aro y Malia eran gemelas, pequeñas y amarillentas. Sus órbitas estaban muy cercanas entre sí, tanto que los sabios antiguos contaban como cada mil años se rozaban. Su chirrido destrozaba los oídos de todas las criaturas vivas y los meteoritos que llovían sobre la atmósfera causaban numerosas catástrofes naturales.
Terkeris era una luna roja, monstruosa y deforme. Millones de asteroides rebotando en su superficie la habían convertido en un cuerpo bulboso y asimétrico. Sus eclipses hacían que la temperatura descendiera quince grados en apenas dos minutos. Sus plenilunios aceleraban las cosechas y arrancaban sietemesinos del vientre de sus madres. Era una suerte que sucedieran solo cada doscientos diecisiete días, porque adelantar los partos no era su única virtud.
En este salvaje mundo lila cinco gigantescas islas flotaban, más o menos juntas entre sí, sobre lo que nosotros llamaríamos el hemisferio sur: la Gran Delaya, que finalizaba en la Península de Guir, separada de la Pequeña Delaya por un finísimo estuario; las sureñas Koria y Fentos al sur; y al este, a varias lunas amarillas de navegación, las llanuras de May.
Estas tierras, algunas tan próximas entre sí que podían tenderse puentes, ocupaban la quinta parte de la superficie del planeta. Y aunque todas eran montañosas, ninguna alcanzaba a ser volcánica, y no era de extrañar, puesto que flotaban.
Cualquier tonto, sin saber una pizca de geología, podía observar cómo el plenilunio de Aro hacía descender las aguas casi un kilómetro desde su emplazamiento original. Lo mismo ocurría con Malia y, cuando ambas se juntaban, su atracción era tan grande que los puentes debían deshacerse para que el choque y el vaivén de las moles no los destrozara. Los muelles contaban con muchos niveles de embarcaderos tallados en roca, pero los barcos rara vez permanecían más de tres días en el puerto: o los remolcaban a tierra o volvían a alta mar.
El influjo de Terkeris traía cuatro días de total suspensión y un verano repentino y agobiante. El agua resbalaba por los acantilados monstruosos y los animales marinos que habían buscado refugio en las cavidades de las rocas morían deshidratados. Cuando finalmente descendían las Islas y la luna roja entraba en cuarto menguante, un festín de marisco exhausto se dejaba flotar hasta la costa y el verano se iniciaba con bailes y enjambres de insectos amantes de la putrefacción.
No era extraño para los darienos vivir inmersos en este frenético ciclo de mareas, días sofocantes más cerca del sol, o noches gélidas si una conjunción los atraía casi al borde de la atmósfera. Pero los astrónomos de Sella y los augures de Zakros, las dos grandes ciudades que controlaban los puentes entre Koria y Fentos, se agitaban nerviosos desde hacía ya tiempo.
Los textos escritos por las muy diversas civilizaciones de las cinco islas coincidían en un punto muero en su historia: todas parecían haber surgido unos dos mil quinientos años antes. Con anterior a esa fecha solo había ruinas, pero ninguna explicación. Las pirámides escalonadas Davoshi o los conjuntos palaciegos de la Pequeña Delaya contenían glifos mucho más antiguos, pero difícilmente descifrables. ¿Qué había sido de sus pobladores?¿por qué desaparecieron repentinamente? Algo había ocurrido que nadie acertaba a explicarse.
Los nueve pueblos libres hablaban de un dios creador, de una tierra limpia entre el mar violeta. Las bibliotecas acumulaban manuscritos antiguos y en ellos se decía que dios dio el fuego a los hombres, que les enseñó a navegar, a predecir las mareas con las lunas... ¿y antes de eso?
Antes de eso, nada.
Patmos era aprendiz de sacerdote en la fortaleza de Oria. Nada más que un aprendiz, pero ya sabía más que la mayoría. No en vano su madre había sabido cosas que no recordaba nadie, cosas que la llevaron a la muerte. Que provocaron la prohibición de no pronunciar su nombre.
Patmos, el de la madre sin nombre, intuía qué era lo que había acabado con las ciudades-estado de la Pequeña Delaya, con los constructores Davoshi, con los trescientos mil esqueletos fosilizados hallados en el acantilado de May.
Y no era el único. Los astrónomos de Sella, los augures de Zakros también se lo imaginaban.
El ciclo se estaba cerrando de nuevo. Pronto volverían a cumplirse dos mil quinientos años. Pronto las tres lunas volverían a alinearse sobre las islas, las tres ordenadas, las tres llenas.
Aquella seguridad en los gritos de las gaviotas rayadas, aquel aroma a catástrofe en el aire, le hizo obligarse a partir. Las catástrofes naturales, se dijo, destruyen los papiros, destruyen el pergamino, pero la palabra escrita en piedra puede perdurar siglos.
Si algo quedaba de aquellos que habitaban Darién antes que ellos, eran los esqueletos de May. Y hacia allí, hacia las inhóspitas llanuras del desierto, tendría que encaminarse.
Pero junto a ese extinguido sol, hoy cansado y naranja, orbitó hace miles de años una gloriosa civilización, de arquitectos hábiles e infraestructuras fabulosas, que conoció su fin, como muchas otras antes y después que ella, merced a la codicia de las especies que la habitaban. El planeta se llamó Darién y fue el cuarto en cercanía al sol que circundaba, señor de un sistema solar de más de treinta y dos planetas y cincuenta y seis lunas.
El cuarto planeta, de un profundo color lila, estaba cubierto de agua casi en su totalidad. Una bacteria presente en los ecosistemas marinos hacía que la proporción salina de esta fuera menor y dotaba a las aguas de un deslumbrante color violeta, que se tornaba fosforescente en las noches de verano. Las altas temperaturas y la práctica ausencia de sal favorecía que algunas zonas del planeta fueran verdaderas selvas marinas y la vegetación, vibrante y monstruosa, crecía por kilómetros desde las profundidades abisales para alcanzar la superficie.
Se decía que durante los períodos de conjunción de lunas, crecían flores acuáticas capaces de aguantar el peso de una casa entre sus carnosos pétalos.
Y es que los ritmos biológicos de Darién venían regidos por sus tres lunas: Aro, Malia y Terkeris. Aro y Malia eran gemelas, pequeñas y amarillentas. Sus órbitas estaban muy cercanas entre sí, tanto que los sabios antiguos contaban como cada mil años se rozaban. Su chirrido destrozaba los oídos de todas las criaturas vivas y los meteoritos que llovían sobre la atmósfera causaban numerosas catástrofes naturales.
Terkeris era una luna roja, monstruosa y deforme. Millones de asteroides rebotando en su superficie la habían convertido en un cuerpo bulboso y asimétrico. Sus eclipses hacían que la temperatura descendiera quince grados en apenas dos minutos. Sus plenilunios aceleraban las cosechas y arrancaban sietemesinos del vientre de sus madres. Era una suerte que sucedieran solo cada doscientos diecisiete días, porque adelantar los partos no era su única virtud.
En este salvaje mundo lila cinco gigantescas islas flotaban, más o menos juntas entre sí, sobre lo que nosotros llamaríamos el hemisferio sur: la Gran Delaya, que finalizaba en la Península de Guir, separada de la Pequeña Delaya por un finísimo estuario; las sureñas Koria y Fentos al sur; y al este, a varias lunas amarillas de navegación, las llanuras de May.
Estas tierras, algunas tan próximas entre sí que podían tenderse puentes, ocupaban la quinta parte de la superficie del planeta. Y aunque todas eran montañosas, ninguna alcanzaba a ser volcánica, y no era de extrañar, puesto que flotaban.
Cualquier tonto, sin saber una pizca de geología, podía observar cómo el plenilunio de Aro hacía descender las aguas casi un kilómetro desde su emplazamiento original. Lo mismo ocurría con Malia y, cuando ambas se juntaban, su atracción era tan grande que los puentes debían deshacerse para que el choque y el vaivén de las moles no los destrozara. Los muelles contaban con muchos niveles de embarcaderos tallados en roca, pero los barcos rara vez permanecían más de tres días en el puerto: o los remolcaban a tierra o volvían a alta mar.
El influjo de Terkeris traía cuatro días de total suspensión y un verano repentino y agobiante. El agua resbalaba por los acantilados monstruosos y los animales marinos que habían buscado refugio en las cavidades de las rocas morían deshidratados. Cuando finalmente descendían las Islas y la luna roja entraba en cuarto menguante, un festín de marisco exhausto se dejaba flotar hasta la costa y el verano se iniciaba con bailes y enjambres de insectos amantes de la putrefacción.
No era extraño para los darienos vivir inmersos en este frenético ciclo de mareas, días sofocantes más cerca del sol, o noches gélidas si una conjunción los atraía casi al borde de la atmósfera. Pero los astrónomos de Sella y los augures de Zakros, las dos grandes ciudades que controlaban los puentes entre Koria y Fentos, se agitaban nerviosos desde hacía ya tiempo.
Los textos escritos por las muy diversas civilizaciones de las cinco islas coincidían en un punto muero en su historia: todas parecían haber surgido unos dos mil quinientos años antes. Con anterior a esa fecha solo había ruinas, pero ninguna explicación. Las pirámides escalonadas Davoshi o los conjuntos palaciegos de la Pequeña Delaya contenían glifos mucho más antiguos, pero difícilmente descifrables. ¿Qué había sido de sus pobladores?¿por qué desaparecieron repentinamente? Algo había ocurrido que nadie acertaba a explicarse.
Los nueve pueblos libres hablaban de un dios creador, de una tierra limpia entre el mar violeta. Las bibliotecas acumulaban manuscritos antiguos y en ellos se decía que dios dio el fuego a los hombres, que les enseñó a navegar, a predecir las mareas con las lunas... ¿y antes de eso?
Antes de eso, nada.
Patmos era aprendiz de sacerdote en la fortaleza de Oria. Nada más que un aprendiz, pero ya sabía más que la mayoría. No en vano su madre había sabido cosas que no recordaba nadie, cosas que la llevaron a la muerte. Que provocaron la prohibición de no pronunciar su nombre.
Patmos, el de la madre sin nombre, intuía qué era lo que había acabado con las ciudades-estado de la Pequeña Delaya, con los constructores Davoshi, con los trescientos mil esqueletos fosilizados hallados en el acantilado de May.
Y no era el único. Los astrónomos de Sella, los augures de Zakros también se lo imaginaban.
El ciclo se estaba cerrando de nuevo. Pronto volverían a cumplirse dos mil quinientos años. Pronto las tres lunas volverían a alinearse sobre las islas, las tres ordenadas, las tres llenas.
Aquella seguridad en los gritos de las gaviotas rayadas, aquel aroma a catástrofe en el aire, le hizo obligarse a partir. Las catástrofes naturales, se dijo, destruyen los papiros, destruyen el pergamino, pero la palabra escrita en piedra puede perdurar siglos.
Si algo quedaba de aquellos que habitaban Darién antes que ellos, eran los esqueletos de May. Y hacia allí, hacia las inhóspitas llanuras del desierto, tendría que encaminarse.
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